La meritocracia y el Estado

Por Eddie Cóndor*

“Venganza” es una película de Hollywood interpretada por Liam Neeson, en la que es recurrente la frase “¡Adiós y buena suerte!”. “¡Adiós y buena suerte!” es también la fría expresión de muchos empleadores que se deshacen de sus trabajadores arbitrariamente. El problema es cuando no se trata de un “rapaz capitalista” el que lo hace sino del Estado y peor aun cuando lo hace un Estado que se llama transformador inclusivo y revolucionario.

A decir verdad, nada hay de transformador inclusivo y revolucionario cuando ese Estado continúa las prácticas del viejo modelo y la transformación cantada no es sino la continuación impensada. Muchos funcionarios, en efecto, son dejados de lado para dar paso y espacios a la clientela política del poder, destruyendo el mérito y tornando a las instituciones públicas en agencias de empleos y mecanismos de gratitud política.

Lo terrible es cuando este fenómeno propio de las burocracias del gobierno nacional, departamental (estatal o provincial en algunos países) o municipal se hace regla y se replica en toda la estructura del Estado; esto es usar la función para repartir cargos y satisfacer, entre otras formas, las demandas de aquellos que financiaron o respaldaron sus campañas. La politización los empodera a tal punto que nuestras autoridades devienen en reyezuelos. Los reyezuelos, desde luego, hacen y deshacen los destinos de la institución sin más discreción que el interés propio y el propio arbitrio.

En esa línea, se debe cuidar, colocando en la plataforma del debate público estos aspectos, para que las instituciones públicas secuestradas por las clientelas políticas realicen autoevaluación y autocrítica, si de tener un gobierno gestión y servicios con autonomía e independencia se trata. No decimos necesariamente que todas las instituciones estatales estén ganadas por esta perniciosa práctica, pero es un lugar común en el mundo, allí donde la institucionalidad es precaria.

En estos últimos años se pudo ya visibilizar algunos niveles de abuso de poder por malas copias en los espacios institucionales, debido a la elección o designación de puestos clave regido por el viejo lastre clientelista; esto es decisiones basadas en el libre arbitrio y la imposición de sus reglas (con los intereses personales que subyacen), convirtiendo lo que debe ser una estructura institucional en un archipiélago de feudos particulares.

Invocamos a la población a una vigilancia cabal en aras de la no continuidad de tan vetustos hábitos. Llamamos la atención a los políticos (quienes deberían responder por la calidad de servicios públicos que tenemos), para que desarrollen y trabajen con una visión de país que queremos. Una prioridad en lo inmediato es contrarrestar la crisis institucional, crisis que corroe las estructuras del Estado.

Demandamos que la clientela cese y la selección del personal sea sobre el fundamento del mérito. No se puede sacrificar carreras consolidadas y a funcionarios honrados y capaces por personajes cuyo único “mérito” es haber realizado campaña, financiado candidaturas o haber integrado el partido gubernamental.

Que los intereses subalternos no prevalezcan a la carrera pública. Weber hablaba de la necesidad de una “burocracia ilustrada”, lo que vemos es, por el contrario, la gratitud política como condición y la medianía como un requerimiento básico para los nuevos cargos en el Estado.


*Es abogado, analista y consultor internacional en temas de democracia y derechos
humanos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s