El machismo mata: violencia de género y feminicidio en América Latina

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Las mujeres siguen siendo hoy por hoy las personas más vulnerables en cualquier sociedad. Tristemente nuestra región no es la excepción, pese a todos los desarrollos constitucionales y legales que en muchos países se han dado.

En la totalidad de los Estados de las Américas las mujeres son reconocidas como sujetos de derechos, como ciudadanas, como personas con igualdad de condiciones frente a los hombres. No obstante, la materialización de dichos derechos se hace cada vez más difícil por muchas razones: violencia urbana, trata de personas, narcotráfico, entre otros.

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Aunque son alrededor de veinte países de América Latina y el Caribe los que cuentan actualmente con leyes que buscan combatir la violencia contra las mujeres, catorce aparecen en la lista de los veinticinco países del mundo donde más agresiones contra ellas, violencia de género y feminicidios se comenten al año, según cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y de ONU Mujeres. Asimismo, el 98% de los casos denunciados se encuentran actualmente en la impunidad.

La CEPAL también advierte que pese a dichos avances en materia legal, sólo hoy ocho países de la región asignan efectivamente recursos, dentro de sus presupuestos nacionales, para combatir la violencia de género.

Es importante mencionar que existe un porcentaje alto de subregistro de feminicidios y violencia de género en la región. Sin embargo, algunos de los informes que la CEPAL ha hecho sobre feminicidios en nuestro continente arrojan cifras preocupantes: por ejemplo, para 2014, en Colombia 88 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas; 83 en Perú; 71 en República Dominicana; 46 en El Salvador; 25 en Uruguay; 20 en Paraguay, y 17 en Guatemala.

Según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe, los países con mayor presencia de asesinatos de mujeres por razones de género son: Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Perú y República Dominicana.

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Foto: Marcos Brindicci – Reuters

Pero esas no son las únicas tristes y escalofriantes cifras. Por ejemplo, sólo por tomar las de algunos países en materia laboral: en Argentina el 42% de las mujeres trabaja hasta 60 horas semanales sin recibir remuneración. En Brasil lo hace el 23% hasta 40 horas a la semana, mientras esa misma situación sólo la vive el 5% de los hombres brasileños. Por último, en Colombia, el 32% de las mujeres trabaja 50 horas semanales sin compensación económica de ningún tipo, pero a los hombres de ese país el porcentaje es del 9%. La disparidad es notable en la región.

Cabe destacar que la igualdad de género es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el 2030. Es un objetivo transversal dentro de los planteados, ya que es imposible lograr una meta de desarrollo sostenible obviando el hecho de que las mujeres son la mitad de la población mundial.

Es precisamente el objetivo número 5 el que aterriza lo anterior cuando dice que busca “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. Igualmente, sus metas fundamentales es la de “erradicar todas las formas de violencia contra todas las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado, incluyendo la trata y la explotación sexual y otros tipos de explotación”.

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Foto: TeleSur

Sin embargo, frente al panorama descrito inicialmente son muchos los retos que la región debe superar si quiere materializar buena parte de esos objetivos, y es precisamente ahí donde la sociedad civil organizada tiene una responsabilidad enorme. Las organizaciones debemos en constante vigilancia y demanda para que no se retroceda un milímetro en lo lograda respecto de los derechos de las mujeres.

Erradicar la violencia de género y combatir el feminicidio, así como acabar con las disparidades entre hombres y mujeres en materia económica, política y social debe ser un tema ineludible en cualquier agenda de cualquier escenario multilateral de este hemisferio. Los países de la región somos tristes protagonistas de las preocupantes cifras mundiales que muestran agresiones y violaciones a los derechos de las mujeres. Debemos pasar a ser los primero en reducirlas.

Los Estados deben escuchar atentamente las demandas que desde la sociedad civil se hacen respecto de este tema, e igualmente como ciudadanía debemos seguir movilizándonos. Marchas como las del 19 de octubre en Argentina, bajo la consigan “Ni una menos”, no pueden quedarse en anécdotas, deben hacer eco en toda la región. Es un compromiso que no podemos evadir.

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